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Archive for the ‘Conócete a ti mismo’ Category

“La predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan -para nosotros- es fuerza de Dios… quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación. Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles” (1 Cor 1,18-23).


El “escándalo” y la “necedad” de la Cruz están en el hecho del Amor de Dios mientras otros solo ven fracaso, dolor, derrota, porque la Cruz es expresión de amor y el amor es el verdadero poder que se revela precisamente en esta aparente debilidad. Para los judíos la Cruz es skandalon, es decir, trampa o piedra de tropiezo, la Cruz contradice la esencia misma de Dios. Por tanto, aceptar la Cruz de Cristo significa realizar una profunda conversión en el modo de relacionarse con Dios. Si para los judíos el motivo de rechazo de la Cruz se encuentra en la Revelación, es decir, en la fidelidad al Dios de sus padres, para los griegos, es decir, los paganos, el criterio de juicio para oponerse a la Cruz es la razón. Para estos últimos, de hecho, la Cruz es moría, necedad, literalmente insipidez, alimento sin sal; por tanto, más que un error, es un insulto al buen sentido.
Para los cristianos la fuente de la cruz es salvación de Dios. Si sólo nos paramos a pensar en nuestros dolores, sufrimiento e ira estamos cayendo en la misma necedad que los ateos. Tomar la cruz y seguir a Cristo es, como dice San Pablo, un poder que solo con la fe se lleva hacia adelante. Debemos revisar nuestra alma para determinar si estamos cayendo frecuentemente en enojos o en acusaciones que nos puedan llevar a ser necios o llegar aún a la insensatez de corazón.

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Epístola de Santiago 3, 1-12>

“No os hagáis maestros muchos de vosotros, hermanos míos, sabiendo que nosotros tendremos un juicio más severo, pues todos caemos muchas veces. Si alguno no cae hablando, es un hombre perfecto, capaz de poner freno a todo su cuerpo. Si ponemos a los caballos frenos en la boca para que nos obedezcan, dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves: aunque sean grandes y vientos impetuosos las empujen, son dirigidas por un pequeño timón adonde la voluntad del piloto quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño y puede gloriarse de grandes cosas. Mirad qué pequeño fuego abrasa un bosque tan grande. Y la lengua es fuego, es un mundo de iniquidad; la lengua, que es uno de nuestros miembros, contamina todo el cuerpo y, encendida por la gehenna, prende fuego a la rueda de la vida desde sus comienzos. Toda clase de fieras, aves, reptiles y animales marinos pueden ser domados y de hecho han sido domados por el hombre; en cambio ningún hombre ha podido domar la lengua; es un mal turbulento; está llena de veneno mortífero. Con ella bendecimos al Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, hechos a imagen de Dios; de una misma boca proceden la bendición y la maldición. Esto, hermanos míos, no debe ser así.”

Santiago , el escritor del nuevo testamento, dijo que aunque la lengua humana es una parte pequeña del cuerpo, tiene el poder de causar un tremendo impacto. En el libro de Proverbios 18, 21 también me recuerda que “La muerte y la vida dependen de la lengua, y los que son indulgentes con ella comerán de su fruto” (sufrirán las consecuencias)

Muchas veces cuando hablamos sin pensar usamos las palabras como si fueran cuchillos con el otro. La diferencia de las lenguas de cada uno es cómo la usamos y las habilidades que tenemos para manejarla. Un cuchillo en mano de un experto cirujano puede salvar vidas y consecuentemente hacer el bien. Pero si las ponemos en manos de una persona estúpida, ignorante y prepotente, puede causar un daño incalculable. Desgarrará piel, tejidos, arterias e incluso hasta órganos. Las palabras lo dicen todo.

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A veces me resulta difícil conservar la serenidad en medio de tantas preocupaciones y contratiempos. Caigo en la desesperación, afectando a los demás con mi impaciencia. Se acostumbran al mal humor, al trato brusco, a los apuros y los malos modos. Viven esclavos de mis tensiones. Es cierto que no es fácil tras la enfermedad mantener la calma, la sangre fría, el buen tono, la palabra mesurada cuando se tienen que resolver cientos de cosas casi simultáneamente. Pero tampoco es imposible.
Hoy veo que las cosas se van serenando, los pequeños proyectos se van cumpliendo y las palabras se acomodan al calor del amor. Aprendiendo estoy a volver a gozar de la alegría ajena. El reconocer y disfrutar la alegría ajena me ayuda a asumir los propios problemas con decisión y entereza. También el descubrir las cruces del vecino (en estos días pasados Haití) me llevan a relativizar las propias.
Para esto, la vida de oración constante, el ejercicio de una comunicación con el Señor en el centro, resulta mi mejor medicina. Encontrarme con Dios en la oración me hace liberarme de los sinsabores de la vida y no esclava de ella.
Voy conquistando el control de mis emociones, sabiduría y fortaleza ante las adversidades y amplitud de criterio para afrontarlas con serenidad. Este es un último para mi alma en calma. En paz.

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Primer Premio
del Certamen de Fotografía y Audiovisual
de la XIII Noche de San Pablo
Universidad San Pablo CEU

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Habían millones de estrellas en el cielo. Estrellas de todos los colores: blancas, plateadas, verdes, doradas, rojas y azules. Un día inquietas, se acercaron a Dios y le dijeron: Señor Dios, nos gustaría vivir en la Tierra entre los hombres.

Cuando queráis, respondió el Señor. Seréis todas muy pequeñitas, para que podáis bajar a la tierra.

En aquella noche, hubo una linda lluvia de estrellas. Algunas se acurrucaron en las torres de las iglesias, otras fueron a jugar y a correr junto con las luciérnagas por los campos, otras se mezclaron con los juguetes de los niños y la tierra quedó maravillosamente iluminada. Pero con el pasar del tiempo, las estrellas decidieron abandonar a los hombres y volver para el cielo, dejando la tierra oscura y triste.

¿Porque volvéis? Les preguntó Dios, a medida que ellas iban llegando al cielo.

Señor, no nos fue posible permanecer en la tierra. Allá existe mucha miseria y violencia, mucha maldad, mucha injusticia y mentira.

Y el Señor les dijo: ¡Claro! Vuestro sitio es aquí en el cielo. La tierra es el lugar de lo transitorio, de aquello que pasa, de aquel que cae, de aquel que yerra, de aquel que muere, nada es perfecto. El cielo es el lugar de la perfección del amor, de la VIDA verdadera, de lo inmutable, de lo eterno.

Después que llegaron todas las estrellas y verificando su número, Dios habló de nuevo: Nos esta faltando una estrella. ¿Será que se perdió en el camino? Un ángel que estaba cerca replicó: No Señor, una estrella decidió quedarse entre los hombres. Ella descubrió que su lugar es exactamente donde existe la imperfección, donde las cosas no van bien, donde hay lucha y dolor. Pero ¿que estrella es esa?. Volvió Dios a preguntar. Es la Esperanza Señor. La estrella verde. La única estrella de ese color. Y cuando miraron la tierra, la estrella no estaba sola. La tierra estaba nuevamente iluminada porque había una estrella en el corazón de cada persona. Porque el único sentimiento que el hombre tiene y Dios no necesita tener es la Esperanza. Dios ya conoce el futuro y la Esperanza es propia de la persona humana, propia de aquel que yerra, de aquel que no es perfecto, de aquel que no sabe como será el futuro.”

Recibe amigo(a) en este momento esta estrellita en tu corazón ** La Esperanza **, tu estrella verde. No dejes que ella huya y no permitas que se apague. Ten la certeza de que ella iluminará tu camino, se siempre positivo y agradece todo a Dios. Se siempre feliz y contagia alegría, con tu corazón iluminado, a otras personas.

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