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Archive for the ‘Parábolas para creer’ Category

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Primer Premio
del Certamen de Fotografía y Audiovisual
de la XIII Noche de San Pablo
Universidad San Pablo CEU

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Habían millones de estrellas en el cielo. Estrellas de todos los colores: blancas, plateadas, verdes, doradas, rojas y azules. Un día inquietas, se acercaron a Dios y le dijeron: Señor Dios, nos gustaría vivir en la Tierra entre los hombres.

Cuando queráis, respondió el Señor. Seréis todas muy pequeñitas, para que podáis bajar a la tierra.

En aquella noche, hubo una linda lluvia de estrellas. Algunas se acurrucaron en las torres de las iglesias, otras fueron a jugar y a correr junto con las luciérnagas por los campos, otras se mezclaron con los juguetes de los niños y la tierra quedó maravillosamente iluminada. Pero con el pasar del tiempo, las estrellas decidieron abandonar a los hombres y volver para el cielo, dejando la tierra oscura y triste.

¿Porque volvéis? Les preguntó Dios, a medida que ellas iban llegando al cielo.

Señor, no nos fue posible permanecer en la tierra. Allá existe mucha miseria y violencia, mucha maldad, mucha injusticia y mentira.

Y el Señor les dijo: ¡Claro! Vuestro sitio es aquí en el cielo. La tierra es el lugar de lo transitorio, de aquello que pasa, de aquel que cae, de aquel que yerra, de aquel que muere, nada es perfecto. El cielo es el lugar de la perfección del amor, de la VIDA verdadera, de lo inmutable, de lo eterno.

Después que llegaron todas las estrellas y verificando su número, Dios habló de nuevo: Nos esta faltando una estrella. ¿Será que se perdió en el camino? Un ángel que estaba cerca replicó: No Señor, una estrella decidió quedarse entre los hombres. Ella descubrió que su lugar es exactamente donde existe la imperfección, donde las cosas no van bien, donde hay lucha y dolor. Pero ¿que estrella es esa?. Volvió Dios a preguntar. Es la Esperanza Señor. La estrella verde. La única estrella de ese color. Y cuando miraron la tierra, la estrella no estaba sola. La tierra estaba nuevamente iluminada porque había una estrella en el corazón de cada persona. Porque el único sentimiento que el hombre tiene y Dios no necesita tener es la Esperanza. Dios ya conoce el futuro y la Esperanza es propia de la persona humana, propia de aquel que yerra, de aquel que no es perfecto, de aquel que no sabe como será el futuro.”

Recibe amigo(a) en este momento esta estrellita en tu corazón ** La Esperanza **, tu estrella verde. No dejes que ella huya y no permitas que se apague. Ten la certeza de que ella iluminará tu camino, se siempre positivo y agradece todo a Dios. Se siempre feliz y contagia alegría, con tu corazón iluminado, a otras personas.

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Muchas veces nuestra voluntad no la sentimos desde la humildad. Abrirnos a la humanidad desde el servicio es el punto de partida hacia la resurrección. Sentir al ajeno como nuestro tiene la voluntad de vocación desde el sentido comunitario de la Verdad Absoluta. Volver a Ser de Dios encontrándonos en el otro, buscando su necesidad y mi voluntad de servicio.
Sentirnos solos no es ocasión para disculparnos, al contrario, es oportunidad de tener la intención de ser Uno en la Palabra. El que no sirve, no sirve.
Esto tiene la consecuencia del compromiso en el mismo instante en el que Tú ya estás ahí. Desde que sé que Dios está presente en mi vida y vive en mí tengo la implicación de hacerlo con el otro y no conmigo mismo. Ahí es cuando actúo ddesde el servicio con la urgencia de ser fiel a mis hermanos y sentir que juntos somos Dios.
Escucha Muero En Soledad Brotes de Olivo – 1996 25 Años en Búsqueda

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Siempre me he preguntado cómo la providencia puede ser una opción de vida. Tener siempre a Dios contigo es símbolo de confiar en el Dios con nosotros.
Dios con nosotros porque forma parte de compartir la comunión de todos juntos: contigo, contigo, contigo,… y contigo también. Cada uno pondrá en mi vida aquello que me hará crecer, alimentarme, trabajar. Yo seré providencia para ti cuando te ofrezca todo lo que tengo y todo lo que soy.
Señor, que pueda abrir yo mis manos a los demás para ofrecerme todos los días de mi vida en la providencia del prójimo.

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