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Archive for the ‘Ser Santo’ Category

En tiempos de Jesús, los fariseos tenían una visión de la ley y entendían que todos los que no seguían sus prácticas estaban condenados, hablaban de su perfección moral, observaban estrictamente las disposiciones de la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios. La Torah no era ser fiel a la Palabra. Estos hombres entendían la religiosidad en sentido ritual.

A Jesús, además de las obras, le importa también la verdadera sencillez en la intención. Por eso nos invita a revelarnos contra toda forma de hipocresía, de tal manera que nuestras acciones correspondan con nuestras palabras, pensamientos y sean fruto de la acción de Dios en nosotros. Hemos de orientar constantemente nuestro corazón a Dios y preocuparnos más de su mirada que de la de los hombres. ¿cómo está siendo mi vida a los ojos de Dios?, y no preguntarnos ¿qué pensarán los demás si respondo o actúo de esa u otra manera?.

La condena de Jesús a los fariseos en el Evangelio nos enseña también que a Él no vino a juzgar y tampoco desea que nosotros estemos juzgando continuamente a los demás, que seamos despectivos y excesivos en el celo y en el trato con los otros, o que los midamos de acuerdo a nuestros criterios y forma de ver la vida. No nos permitamos despreciar a nuestro prójimo, sea cual sea su condición, clase, profesión de fe, orientación sexual… En nuestro examen de conciencia preguntémonos si practicamos también la caridad de pensamiento hacia los demás.

En todos nuestros ambientes ofrezcamos a los demás un trato personal, directo, acogedor y lleno de caridad, a ejemplo de Cristo. Nada contagia tanto como el amor auténtico, hecho disponibilidad y entrega a los demás. Jesús, concédeme amarte de manera auténtica y sincera, de tal manera que pueda amar también a los demás, con total desinterés y donación, como gesto de conversión y dador de vida buscando lo mejor para todos y hacer siempre tu voluntad y no la mía.

Señor, dame un corazón sencillo y sincero.

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Se cumple un año de la fatídica fecha de la desaparición de Marta del castillo en Sevilla. Quiero en estas líneas y en mi oración acercarme a la familia, a sus padres, hermanas, tíos y abuelos para creer en la vivencia del dolor de ser padre.
Los medios se apresurarán a volver a contar en los espíritus de audiencias, estúpidos e insensibles, quienes no saben de otra cosa que de imágenes frías y sensiblería y reducen (por hechos consumados u omisión) el dolor al morbo y lo que es peor, a cifras.
¡¿Cómo podemos quedarnos indolentes ante el sufrimiento de nuestros hermanos?! ¡Cómo puede cambiar una vida de la noche a la mañana! Me iré esta noche a dormir pensando en los planes de futuro de esta chica hasta el mismo día o el anterior a la tragedia. También me pregunto qué sorpresas me depara a mí el destino o a los míos, quizá hoy mismo.
Hoy espero que la búsqueda de Marta no quede sólo en titulares de prensa, tibios artículos… sino en la vida de los que le amaban y se quedan haciendo vivo su recuerdo en sus sueños.
“Quien sabe de dolor, todo lo sabe.” Dante

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Publicado hoy 24-dic-09 en Diario de Sevilla. Juan José Asenjo Pelegrina

FALTAN pocas horas para la Navidad. También en este año son muchos los empeñados en vaciar de contenido religioso estos días santos, convirtiéndolos en las vacaciones blancas, en la celebración del solsticio de invierno y, en todo caso, en las fiestas del consumismo y el derroche. La secularización de la Navidad tiene múltiples manifestaciones. En la ambientación navideña de nuestros hogares y de nuestras ciudades se prescinde del misterio que en estos días celebramos. Se sustituye el Belén por el árbol de Navidad, los Reyes Magos por un Papá Noel sin referencias religiosas, y hasta las entrañables tarjetas navideñas se han convertido en felicitaciones laicas portadoras de vaporosos deseos de paz y de felicidad inconsistente, porque se olvida al verdadero protagonista de la Navidad, Jesucristo, Príncipe de la paz y punto de partida de nuestra alegría en estos días.

El despojamiento del sentido religioso de estos días se manifiesta también en el lenguaje. La palabra Navidad, que significa natividad o nacimiento del Señor, es sustituida por la palabra “fiesta”, más inocua y menos comprometedora, y la tradicional expresión “felices pascuas”, de tanta riqueza espiritual, porque con ella aludimos al meollo de la Navidad, el paso del Señor junto a nuestras vidas, para renovarlas y recrearlas, se ha sustituido por la expresión “felices fiestas”, circunloquio que busca en definitiva evitar reconocer que el corazón de la Navidad es nuestro encuentro con el Señor que nace para nuestra salvación.

Por ello, en este día de Nochebuena, invito a mis lectores a fortalecer el sentido cristiano de la Navidad, viviéndola con hondura, autenticidad y verdad. El Dios que se hace niño lo es todo para nosotros. Por ello, hemos de anunciarlo y compartirlo con nuestros conciudadanos, pues Él nos trae la paz, la alegría, la esperanza y el sentido para nuestra vida, el futuro y la esperanza también para el mundo. “Anuncia la Navidad desde tu balcón” era el lema de una loable campaña que el año pasado invitaba a colocar una imagen del Niño en el exterior de los hogares andaluces. Me parece una forma magnífica de dar testimonio del misterio que celebramos. Dios quiera que sean muchas las familias que también este año la secunden.

Vivid la Navidad en el hogar. Pocas ocasiones unen más a las familias que estos días entrañables. No os olvidéis de poner el Belén familiar por sencillo que sea. Ayudad a vuestros hijos a instalarlo, al mismo tiempo que les explicáis el sentido más genuino de esta representación plástica de los misterios de la encarnación, nacimiento y manifestación del Señor. No os olvidéis de los villancicos en vuestras reuniones familiares. Iniciadlas con una oración, previamente preparada, al hilo de los misterios que celebramos, y procurad acudir en familia a la Misa del Gallo.

Vivid la Navidad desde la Eucaristía. Entre Navidad y Eucaristía hay un nexo muy estrecho. En ella el Salvador, encarnado en el seno de María, continúa ofreciéndose a la humanidad como fuente de vida divina. El Señor que vino al mundo hace 2.000 años, sigue viniendo cada día sobre el altar, el mejor y más verdadero Belén. Aprovechad estos días para pasar largos ratos acompañándolo y admirando el misterio de su amor y de su entrega por nosotros. Qué bueno sería que en estos días finales de Adviento todos nos preparáramos para acoger al Señor en nuestros corazones recibiendo el sacramento de la penitencia, que es el sacramento de la paz, de la alegría y del reencuentro con Dios.

Huid del derroche y del consumismo que solapan el misterio y son un insulto para los miles y miles de hermanos nuestros que están sufriendo las consecuencias cruentas de la crisis económica y el paro. No os pleguéis sin más a los reclamos publicitarios. Vivid unas Navidades austeras, pues la alegría auténtica no es fruto de las grandes cenas ni de los regalos ostentosos. Nace del corazón, de la conciencia pura y de la amistad con el Señor. En este año, más que nunca, vivid también unas Navidades solidarias y fraternas. Prescindid incluso de algo necesario para compartirlo con quienes nada tienen. Procurad buscar algunos momentos en estos días para visitar enfermos, ancianos o necesitados. En ellos está el Señor, que nacerá en nuestros corazones y en nuestras vidas si lo acogemos en los pobres y en los que sufren.

Termino deseando a todos los cristianos de Sevilla y de Andalucía entera una Navidad, gozosa, honda y auténtica. Mis mejores deseos también para aquellos que no creen en el misterio que celebramos, para quienes también nace el Señor. Para todos, ¡Feliz y santa Navidad!

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Queridos hermanos y hermanas:

1. En el día en que la Santa Sede hace pública la aceptación de la renuncia del señor Cardenal Arzobispo, Fray Carlos Amigo Vallejo, al gobierno pastoral de la Archidiócesis, y yo inicio mi ministerio como Arzobispo de la Iglesia metropolitana de Sevilla, quiero compartir con vosotros mis sentimientos de gratitud al Señor, que me llama a continuar en esta Iglesia el ministerio de salvación al que él ha servido a lo largo de veintisiete años.

Comparto con vosotros también mi confianza en el poder de la gracia de Dios, que suplirá mis limitaciones. Agradezco al Santo Padre Benedicto XVI la benevolencia que me demuestra con este encargo, y a la que espero corresponder siempre, en comunión con él y con el Colegio de los Obispos. Cuando está a punto de cumplirse un año de mi nombramiento como Arzobispo Coadjutor, quiero agradecer de corazón al señor Cardenal la acogida cordial y fraterna que desde el primer día me ha dispensado, el testimonio de su entrega incansable al servicio de la Archidiócesis, y sus consejos, que tanto me van a servir en el ministerio que hoy inicio en el nombre del Señor, y con los que espero seguir contando en el futuro.

2. Doy gracias a Dios por los meses en que he colaborado con él en el trabajo pastoral y el gobierno de esta Iglesia particular, en los que, a pesar de mi dedicación parcial a la Diócesis de Córdoba como Administrador Apostólico, he ido conociendo gradualmente la historia venerable de la Archidiócesis y sus instituciones más señeras, algunas de las cualesperviven todavía. He ido conociendo también las actuales realidades diocesanas, el Consejo Episcopal, las Delegaciones y organismos de la Curia, el Cabildo Metropolitano, los sacerdotes y seminaristas, los diáconos permanentes, los miembros de la Vida Consagrada, los movimientos y asociaciones apostólicas, la Caritas Diocesana y a muchos hermanos y hermanas de la gran familia de las Hermandades y Cofradías, tan arraigadas en nuestro pueblo. A lo largo de estos meses he conocido a sacerdotes magníficos, y a religiosos y religiosas que están trabajando con entrega ejemplar en muy diversos apostolados, tanto en la vida activa como desde el silencio del claustro. He conocido además a centenares de laicos, que aman a Jesucristo y a la Iglesia y que están sinceramente comprometidos en el apostolado y en los distintos ministerios eclesiales en las parroquias. He conocido, por fin, una Iglesia viva y dinámica, que a pesar de las duras condiciones que nos impone la secularización, está empeñada con entusiasmo en el anuncio de Jesucristo a nuestro mundo y en la revitalización de la parroquia, casa de la comunidad cristiana, objetivo último del Plan Diocesano de Pastoral. Todo ello, junto con la devoción entrañable que nuestro pueblo profesa a la Santísima Virgen, expresada en la riqueza de advocaciones que jalonan toda la geografía diocesana en innumerables santuarios y ermitas, es para mí motivo de fundada esperanza.

3. A todos os agradezco vuestra acogida cordial y vuestro ofrecimiento sincero de colaborar conmigo en el servicio a esta Iglesia ya tan querida por mí. A todos os saludo con afecto fraterno. En mi saludo quiero incluir también a los hermanos Obispos de la Provincia Eclesiástica de Sevilla, a las autoridades, y sobre todo a quienes la Iglesia encomienda especialmente al ministerio del Obispo, los preferidos del Señor. Me refiero a lospobres, los enfermos, los ancianos que viven solos, los presos, los parados, los inmigrantes, los que han perdido toda esperanza y cuantos sufren como consecuencia de la crisis económica. Pero permitidme que, en particular, reitere a mis hermanos sacerdotes, a los diáconos y a los seminaristas el propósito prioritario de mi ministerio de estar cerca de ellos, de acogerles como padre, hermano y amigo, de escucharles, alentarles y acompañarles en su fidelidad personal, en su voluntad de seguir al Señor y en su tarea evangelizadora ysantificadora.

4. En los inicios de mi ministerio tengo muy presentes a nuestras familias, fundadas en los valores del Evangelio, que viven la fidelidad y entrega mutua, la perseverancia en el vínculo del sacramento del matrimonio, la dedicación a la educación cristiana de los hijos y los valores de la solidaridad, que tanto están sirviendo en estos momentos a superar las dificultades espirituales y materiales en que les sitúa la crisiseconómica. Tengo también muy presentes a los educadores, a los catequistas y profesores de religión, que sirven a la educación integral de nuestros niños y a su iniciación en la fe. Pienso con especial afecto en los jóvenes, esperanza de la Iglesia, empeñados en su propia formación humana y cristiana y llamados a construir la nueva civilización del amor. A todos les invito a prepararse para participar con entusiasmo en la Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Madrid en agosto de 2011.

5. Renuevo y actualizo en este día con todo el entusiasmo de que soy capaz las actitudes de amor a Jesucristo y a su santa Iglesia con que inicié hace cuarenta años el ministerio sacerdotal y que he procurado mantener, con la ayuda de Dios, a lo largo de mis trece años largos de ministerio episcopal. Soy consciente de que recibo un preciado tesoro, tallado a lo largo de los siglos por tantos pastores insignes de esta sede hispalense y por miles de nombres que no figuran en los anales de la historia diocesana, pero que están escritos en el corazón de Dios. Con la ayuda del Señor, que nunca me va a faltar, espero acrecentar el legado que se me entrega y contribuir a escribir otro tramo –Dios quiera que lleno de frutos sobrenaturales y evangelizadores- de la historia de nuestra Iglesia diocesana.

6. Como os decía en la alocución de mi toma de posesión, inicio mi ministerio con la conciencia muy viva de que no me pertenezco a mí mismo, sino a Jesucristo y a vosotros, mi nueva familia en la fe, por la que, como San Pablo, me gastaré y medesgastaré (cf. 2 Cor 12,15), entregando mi tiempo, mi salud, mis capacidades y energías todas a la Nueva Evangelización, a la pastoral de la santidad, al servicio de la comunión y de la verdad que salva, y a la edificación de comunidades vivas, orantes y fervorosas, que viven de la Palabra de Dios y de la Eucaristía, comunidades unidas y fraternas, que viven la alegría de la salvación y que anuncian a Jesucristo vivo con la palabra y, sobre todo, con el testimonio elocuente, atractivo y luminoso de su propia vida.

7. Soy consciente también de que en esta porción de la viña del Señor que es la Iglesia diocesana de Sevilla, soy al mismo tiempo sarmiento y humilde viñador y de que mi trabajo pastoral será imposible sin una comunión profunda y estrecha con Jesucristo, pues sólo la unión con Él será garantía de eficacia y de veracidad en mi ministerio. Sólo Él da fecundidad a la acción de los evangelizadores, pues “ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios que da el incremento” (1 Cor 3,7). Por ello, en este Año Sacerdotal, me encomiendo a la intercesión de San Juan María Vianney, el Cura de Ars, del patrono de lossacerdotes españoles, San Juan de Ávila, de los santos arzobispos sevillanos Isidoro y Leandro, del Beato Marcelo Spínola y de Santa Ángela de la Cruz, en cuya fiesta inicio mi ministerio como Arzobispo metropolitano. A todos ellos les pido que intercedan por mí ante el Señor, para que sea el pastor según su corazón que Él espera de mí, y para que, en esta hora en que bulle por todas partes el desaliento y la desesperanza, sea también sembrador de esperanza, “servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo”, como nos pedía a los Obispos la exhortación apostólica Pastores gregis.

8. Me encomiendo, sobre todo, a la intercesión maternal de la Virgen de los Reyes, para que Ella me acompañe y ayude a consagrarme, en una dedicación plena, definitiva y exclusiva a la persona y a la obra de su Hijo y al servicio de esta Iglesia particular y de todos sus hijos e hijas. Me encomiendo también a vuestras oraciones, especialmente de las monjas contemplativas y de los enfermos. Pedid todos al Señor, también los fieles de la querida Diócesis de Córdoba, a la que deberé seguir sirviendo por algún tiempo, que me custodie en su amor y que haga eficaz mi ministerio para gloria de Dios.

Sevilla, 5 de noviembre de 2009,

Festividad de Santa Ángela de la Cruz

+ Juan José Asenjo Pelegrina

Arzobispo de Sevilla

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El dolor sería una intolerable sinrazón de no mediar el Varón de dolores. Un hombre que pone de manifiesto sus temores ante el bautismo de sangre (Lc 12,50), que ha visto emboscadas a lo largo de su camino, con unas turbas adversas, abandonado y traicionado por los suyos, que sorbe el cáliz de la ira de Dios, mientras le desgarra su ausencia… Y, sin embargo, se pliega a lo que Dios disponga (Mt 26,39). Por eso Dios le sostiene indefectiblemente. Perfeccionado por el sufrimiento, es el guía de nuestra salvación. El cristiano besa la mano de Dios cuando le agracia con el dolor y se alegra porque ya tiene parte en los sufrimientos de Cristo (1 Pe 4,13). El dolor encubre al Espíritu de gloria, que es Espíritu de Dios.

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Cuentan las fuentes franciscanas que Francisco significó su cambio de vida vistiendo un hábito de ermitaño, y tomó para ceñir su cintura una correa de cuero, al igual que los monjes benedictinos. Pero escuchando un día el Evangelio que hablaba del envío de los Apóstoles, y tras pedir al sacerdote una explicación del mismo, decidió cambiar su cinturón de cuero por una cuerda tosca y sencilla.

Los biógrafos hablan de que S. Francisco ceñía su cintura con una cuerda anudada. No mencionan el número de nudos. Pero en las primeras representaciones pictóricas del Santo podemos ver lo siguiente. La tabla de San Miniato, de 1228, hoy perdida, representa a Francisco con una cuerda que lleva tres nudos sobre el sayal. Posteriormente se añaden más nudos. Con el tiempo se ha cargado a estos de nudos de un significado: cada nudo hace referencia a uno de los tres votos de la profesión de vida religiosa y que son nombrados de abajo hacia arriba: obediencia, castidad y sin propio (pobreza).

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